viernes, 21 de febrero de 2025
CARTA AL OLVIDO
Misma, que te puedo decir, hay canciones que te acuerdan esa etapa inocente de
discos de vinilo y casetes. Esa época suena a rock de los ochentas y tiene un
apartado separado en algún diario de infancia. Allí los teléfonos tenían cola y
eran sonrosados. Una edad que algunos llaman cursi. Una edad donde sonaba
Yourney en el cuarto o Air Supply nos suplía todo el aire respirable. Una etapa
donde ser rebelde radicaba en el hecho de sentarse en la capota de un auto
rezumando chulería. En aquel período nuestra bandera era un disco o un libro o
ambos y nuestro miedo el no terminar los deberes pendientes durante la tarde del
domingo por algún olvido, nada de preocupaciones de como llegar a fin de mes o
de nuevos virus galopantes en el aire. Guns N Roses suena su ritmo contagioso en
la radio, lo que te hace pensar en palomitas de maíz y retozos en el cine. En
ese momento de nuestra historia personal el mayor temor consistía solo en la
circunstancia funesta de volverse o no el blanco de las bromas de la comunidad
adolescente. Ahora el miedo corta el aire y se vuelve irrespirable antes de
poder cerrar la libreta de poemas. El miedo dura días, y cuando no, se vuelve
estallido y revuelta. Éramos adolescentes ensimismados, ay la adolescencia, esa
época romántica de canciones en vitrolas donde nos peinábamos el pelo con una
raya en el medio. En que algunas éramos tan come-discos como come-libros. Lo
afirman los apodos que nos decían en la escuela. Un tiempo donde las risas eran
sencillas y en que los miedos eran hasta divertidos. El corazón nos galopaba con
imágenes fatídicas y el mundo se nos desmoronaba por un simple barrito. Ahora
comprendo que cuando esas canciones se nos empiezan a olvidar es porque la
muerte de la abuela irrumpe con fuerza a decirnos: ¡Crece! Los instantes también
mueren nos dice la vida. Los momentos también mueren nos dice el olvido y su
muerte tiene mi nombre recalca. No hay peor muerte que la de la memoria, digo.
Cuando esta cae bajo la daga de la enfermedad, la rutina o el desengaño es que
de verdad morimos. Ojalá esos miedos a las cosas pequeñas jamás fueran
sustituidos por la amnesia del olvido o la de la muerte. Ojalá, querida, nunca
tenga que partir y dejarte en manos de las parcas. La música suena barriendo el
ayer e instalándose en el hoy. Recuesta tu cabeza en mi hombro, y por hoy, tan
solo duerme.
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