martes, 25 de febrero de 2025

CENÁCULOS: TENDENCIAS EN LA LITERATURA PUERTORRIQUEÑA CONTEMPORÁNEA

Hay varios movimientos coexistiendo en Puerto Rico. En todos ellos la oralidad es un elemento importante: vemos recitales, lecturas de cuentos en las plazas, tertulias bajo el almendro en Casa Aboy, micrófonos abiertos, poemas musicalizados, performance, video-poemas, foto-poemas, textos que se desprenden de la pintura y otras imágenes. Hay un resurgir de ese coloquio milenario entre pueblo y escritores. Es muy seguro que el pueblo extrañe a sus autores y no se haya dado cuenta, tan apartados hemos estado de ellos que ese vínculo se está perdiendo y debemos rescatarlo. Además de la mucha actividad cultural que se está dando en nuestra isla, hay una gama de tendencias: una poesía que puede ser imaginista, erótica, mística, intimista y hasta social, una literatura de corte confesional, una narrativa negrista, erótica, social, fantástica e inclusive de ciencia ficción. Proyectos como Vivir del cuento, Poetas en marcha (movimiento que tiene su propio manifiesto), No somos de papel, Escritores Puertorriqueños en el Siglo XXI Bioversa y Carroña, entre muchos otros, saludan al siglo XXI; unos ya terminados y otros en proceso, pero todos enriqueciendo el haber literario puertorriqueño. Nuestra poesía puertorriqueña actual es imaginista, es decir, visual. Autoras como Bárbara Otero, Michelle R. O. y Amarilis Távares, entre otras muchas, han usado el video-poema para dialogar con el espectador su poesía. La Editora, entre otros proyectos editoriales independientes, crean libros con cartón, periódico y demás materiales reciclables. Atarraya Cartonera, ahora La Editora, ha hecho uso del "flyer" y no han temido para nada pasquinar las calles en un momento dado. Los soportes de las innovaciones tecnológicas tienen, hoy más que nunca, un rol en nuestra literatura. Muchos escritores puertorriqueños, residentes de la isla y compatriotas en la diáspora, tienen páginas web propias y/o fan page en facebook. Alberto Martínez Márquez, por ejemplo, llevó con éxito varios talleres virtuales de escritura creativa que han enriquecido a muchos autores. La blogosfera, se convirtió en nuestra gaceta colectiva, en una propuesta alternativa a la literatura impresa. Creo que luego del e-book la forma de ver el libro no volverá a ser la misma. Aunque soy partidaria del libro impreso, siempre veré como algo bueno el abrir el abanico de opciones. Grupos como los Vividores y Algo que decir, entre otros, se han acercado a los nuevos lectores, a los estudiantes y han dado talleres en escuelas y universidades. Tal vez sean los talleres de escritura creativa y las nuevas maestrías los que han impulsado este florecimiento de la literatura puertorriqueña. Dos de esos movimientos que coexisten o se unen a los otros, son la literatura de sesgo social y la literatura de corte confesional, cuyos cultivadores muchas veces tocan el misticismo o lo fantástico. Nuestras letras se visten entonces de espirales prodigiosas. Siendo nuestra situación política irresoluta, viviendo quizás en la que se podría denominar como la edad más violenta, nuestra poesía erige un contundente testimonio de autenticidad, realidad, denuncia y trascendencia. Al enfrentarse el escritor puertorriqueño con las guerras: la guerra de Vietnam y el surgimiento de La Guerra Fría, surgió en nuestra literatura una conciencia de lo social y de la problemática mundial. El colectivo literario Guajana, fundado por el poeta nacional Vicente Rodríguez Nietzche, sirve de lanzamiento precisamente a ese convertir la literatura en agente de lucha, de provocación, cambio y manifiesto. No es de extrañar que poetas que han estado cerca de los miembros aun activos de este colectivo dieran a luz el proyecto literario Poetas en marcha. Por otro lado, la poesía en sus múltiples exponentes levantó la voz al ser herida por otra guerra: la de la franja de Gaza. La poesía de denuncia social tiene voces muy claras, entre muchas otras, destacan las de Daniel Márquez, Solimar Ortiz Jusino, Juan Ángel Gutiérrez, Juan Camacho, William Pérez Vega, Luis Torres y Luis Francisco Cintrón. En esa misma coordenada, el movimiento de liberación femenina, desarrollado a partir de la segunda mitad de la década de los años sesenta, trajo consigo la aparición de un número notable de poetisas que denunciaron las distintas violencias a las que se enfrenta la mujer y contra lo cual hay que luchar desde una labor de interiorización y afirmación de la mujer. Destaca lo confesional en poemarios como lo son El silencio de las hormigas, La casa que me habita, Confesionario, Salvahuidas, La hija de Geppetto, Cartas al vacío, Parque prospecto, Hilos rojos, Velos de la memoria, Contradicciones de una loca casi cuerda, Hojas que se rompen en el viento y Cielopájaro. Entre estas poetas se encuentran las voces de Mairym Cruz Bernal, Amarilis Távares Vales, Natalie Ann Martínez, Iris Miranda, María Soledad Calero, Solimar Ortiz Jusino, Melany Minnette, Mayda Colón, Carmen R. Marín, Belia Segarra, Karina Gómez y Yolanda Arroyo Pizarro, entre otras. La literatura confesional se concibe a sí misma como un cuchillo que hurga en lo más profundo del hablante, algo parecido a lo que hacemos en el confesionario, en el diván del siquiatra o incluso en una charla entre amigas. En Puerto Rico este movimiento llegó de la mano de Mairym Cruz-Bernal, desde entonces creció hasta ser una de las principales tendencias en la literatura actual. Esta corriente puede dar a la luz poéticas varias: como lo es una poética mística escrita desde el urbanismo, una poesía transgresora endosada por una dosis de innovación e ingenio o una memoria salpicada de giros autobiográficos. Lo importante es ese Yo lírico que confiesa desde la intimidad, ya sea su vida o su visión de mundo. En la narrativa la denuncia social tiene timbre universal. Zulma Quiñones, nos habla en su cuento "El pacto" de la antología "No somos de papel", de la viuda de Stanislav, víctima del Sindrome de Estocolmo. Esta joven se identifica tanto con su captor, posteriormente esposo, que al morir este se convierte en una kamikase, inmolándose por el bien de todos. Rosa Margarita, otra de las autoras de este libro, en su cuento "Aurorita y sus muñecas" da la voz de alerta ante el maltrato infantil. Puedo decir lo mismo del resto de los integrantes de esta antología. Los vividores son también cultivadores de lo social. Los vividores en su libro Éxodos: Tercera antología de Vivir del cuento trae el tema de la emigración desde distintas perspectivas. Otros cultivadores lo son Emilio del Carril, con su libro "En el reino de la garúa" (donde la micronarrativa usa la intertextualidad, entre muchos otros recursos, para llevar su mensaje social), Mary Ely Marrero en su libro “Ojos de niña” denuncia la violencia (de género e infantil) y Carlos Esteban Cana con "Universos" (libro cuya "cotidianidad", estremece en relatos como el de ese niño palestino que no volverá a jugar nunca más con su bola roja). Hay muchos más autores, pero entre la gran gama mencionamos algunos. Esta literatura, es muchas veces, vehículo de rebelión contra los canales clásicos de difusión, otras experimentación alternativa y global de comunicación, y otras más, manifestación de la singularidad cultural de Puerto Rico. Siempre es importante que el escritor retorne al encuentro con sus gentes, porque cuando sientes como lectora que aquellos que lees y admiras se transforman en pseudo-dioses alejados de ellos, se pierde el vínculo. Es necesario no extraviar el cordón umbilical. Las editoriales cartoneras son propuestas muy interesantes porque acercan textos impresos a bajo costo a aquellos que no puede costear un libro editado. También observo las llamadas tendencias visuales y el ingreso masivo de poesía breve y concisa, que por la irrupción de las redes sociales también son formas de llegar al lector. Ya sea a través de Facebook, Twitter y la llamada Blogósfera donde abres una puerta mágica que abre a miles de posibilidades geográficas. Reunirse en torno a una propuesta y manifiesto que conmueva sensibilidades también es un recurso que acerca al creador a la sociedad.

viernes, 21 de febrero de 2025

CARTA AL OLVIDO

Misma, que te puedo decir, hay canciones que te acuerdan esa etapa inocente de discos de vinilo y casetes. Esa época suena a rock de los ochentas y tiene un apartado separado en algún diario de infancia. Allí los teléfonos tenían cola y eran sonrosados. Una edad que algunos llaman cursi. Una edad donde sonaba Yourney en el cuarto o Air Supply nos suplía todo el aire respirable. Una etapa donde ser rebelde radicaba en el hecho de sentarse en la capota de un auto rezumando chulería. En aquel período nuestra bandera era un disco o un libro o ambos y nuestro miedo el no terminar los deberes pendientes durante la tarde del domingo por algún olvido, nada de preocupaciones de como llegar a fin de mes o de nuevos virus galopantes en el aire. Guns N Roses suena su ritmo contagioso en la radio, lo que te hace pensar en palomitas de maíz y retozos en el cine. En ese momento de nuestra historia personal el mayor temor consistía solo en la circunstancia funesta de volverse o no el blanco de las bromas de la comunidad adolescente. Ahora el miedo corta el aire y se vuelve irrespirable antes de poder cerrar la libreta de poemas. El miedo dura días, y cuando no, se vuelve estallido y revuelta. Éramos adolescentes ensimismados, ay la adolescencia, esa época romántica de canciones en vitrolas donde nos peinábamos el pelo con una raya en el medio. En que algunas éramos tan come-discos como come-libros. Lo afirman los apodos que nos decían en la escuela. Un tiempo donde las risas eran sencillas y en que los miedos eran hasta divertidos. El corazón nos galopaba con imágenes fatídicas y el mundo se nos desmoronaba por un simple barrito. Ahora comprendo que cuando esas canciones se nos empiezan a olvidar es porque la muerte de la abuela irrumpe con fuerza a decirnos: ¡Crece! Los instantes también mueren nos dice la vida. Los momentos también mueren nos dice el olvido y su muerte tiene mi nombre recalca. No hay peor muerte que la de la memoria, digo. Cuando esta cae bajo la daga de la enfermedad, la rutina o el desengaño es que de verdad morimos. Ojalá esos miedos a las cosas pequeñas jamás fueran sustituidos por la amnesia del olvido o la de la muerte. Ojalá, querida, nunca tenga que partir y dejarte en manos de las parcas. La música suena barriendo el ayer e instalándose en el hoy. Recuesta tu cabeza en mi hombro, y por hoy, tan solo duerme.

domingo, 30 de octubre de 2022

viernes, 7 de octubre de 2022

CUENTITOS PARA DORMIR

Nosotros ya pasamos la edad en la que se pide un cuento para dormir. Estamos en esa edad y en ese momento de la vida en que lo que necesitamos es vivirlo. Es más: después de estas décadas en las que hemos andado de corsarios sobre los cuerpos amorosos que nos quitaron el sueño, a cuyo lado despertamos tantas mañanas sonriendo y abrazados, y tantas otras noches evadimos para poder bancarnos el drama de dejar de querer, quizás necesitemos imperativamente este cuento para soñar. De a gotas nos fuimos alejando de esos cuerpos, de los ojos que abruptamente cambiaron de horizonte, de las manos que ya no parecían jardines. Olvidar ¿te acuerdas? Olvidar y luego volver a querer. ¡Con qué persistencia golpeamos las puertas pensando que otra vez se nos pondría la boca como una primavera que arranca desnuda! Pero hoy estamos agotados. Tenemos el beso extranjero ¿sabes? Se nos desbarata como un terrón de azúcar dentro del café, huele a campo, a un paisaje vagamente familiar (pero que no lo es). El beso como un idioma se nos enreda en la lengua y tirita para darse a entender a tiempo. Hoy debería dejarse caer como agua y, ya ves, va con los pies amoratados y con la vista vendada dando tumbos. Te sonrío como a los membrillos que están a la orilla de la ruta, pero dudo y dudas porque somos de los que olvidamos llorando. Tal vez hoy, y quizás por esta vez, podamos dejar el portón abierto y juntarnos en la sala a sonreírnos mientras tomamos un café…